Déjate llevar…
Imagina una playa, desierta, pero llena de olas. A veces, la encontrarás en calma con pequeñas olas que te invitarán al baño, a sumergirte. Otras en cambio, un mar agresivo con olas grandes, te puede hacer dudar de acercarte a ella.
Si estás en el agua y te coge una de esas olas enormes, lo primero que se te pase por la cabeza seguramente será el miedo y la huida. Lo único que querrás es llegar a la orilla y alejarte de ese lugar.
No puedes mantenerte a flote
Además, te darás cuenta de que peor que la ultima ola que te ha sacudido, es la serie de olas que se acerca lentamente, que, como si lanzada por ese incierto horizonte se tratase, te imposibilitara el mero hecho de mantenerte a flote. Es como una obligada carrera de fondo, pero sin conocer la meta. Es tan injusto, tú solo querías nadar.
Esa playa es tu mente, y las olas son tus emociones y pensamientos. A veces, se nos olvida que no nos ahogamos por el agua, sino por el tiempo que permanecemos sumergidos. En nuestras vidas, tenemos momentos muy parecidos a estas enormes olas, haciéndonos sentir tristes, ansiosos o aterrorizados. En medio de la corriente, es difícil que uno se de cuenta, que cuánto más fuerza hagamos por salir de ella más nos costará salir, y terminaremos agotados.
¿ Qué secreto esconden las corrientes ?
Tanto en el mar como en la vida misma, el truco de la corriente es ocultarnos su verdad, que no es más que la amenaza que tiene con llevarnos a algo totalmente desconocido. El secreto es que si nos dejáramos llevar por esa terrible corriente, al final, perdería la fuerza.
Las corrientes marítimas se mueven en perpendicular a las playas y cuando se alejan de ellas van perdiendo su fuerza. Que nos arrastren mar adentro es solo un espejismo de la mente humana, creada por el agotamiento en una lucha innecesaria.
Atrévete a soltarte
Somos como simples bañistas que intentamos pelear contra las corrientes de la vida, cansándonos y hundiéndonos. La clave está en dejarse llevar, y así, la corriente desaparece.
Nunca nos enseñaron a dejarnos llevar. Esta sociedad prioriza la rápida solución a los problemas, haciéndonos creer que todo tiene cura, que las malas emociones hay que evitarlas. El ojo del huracán tiene tan mala fama que intentamos agarrarnos desesperadamente a cualquier rama, con tal de que no nos lleve a ese lugar tan desconocido.
No puedes cambiar la dirección del viento, pero puedes ajustar las velas de tu barco.

